Escribir un pequeño cuento a partir de un dibujo (respondiendo a la propuesta de Asunción Carracedo)

abril 24, 2010

Asunción Carracedo (losamigosdepapel.blogspo.com) nos propuso escribir un pequeño cuento a partir de este dibujo. Y estos fueron algunos de los resultados:

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FANNY, LA MUÑECA MÁGICA

Cuando la luna asoma, y se pintan las estrellas en el cielo, Fanny abre los ojos, se despereza, y de un salto certero baja del cuadro al bosque de los sueños, mientras Tremebunda, la bruja hechizera, duerme plácidamente en su cama.
En el bosque, un ejército de muñecos espera a Fanny impaciente. Han de encontrar el elixir de la flor de la maravilla que sólo Fanny puede convertir en una pócima mágica. Gracias a la pócima, un muñeco, cada noche, es devuelto al mundo de los juguetes para así poder a un niño hacer feliz.
Ya se esconde la luna, Fanny regesa a su cuadro:
!Otro muñeco salvado!
Tremebunda da un grito desconsolado:
!Otro cuadro ha quedado en blanco!
ELENA ROBLES

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LA LUNA CERRÓ LOS OJOS

Como todos los años,  en el mes de agosto nos reuníamos en el caserío que la familia tiene en Cantabria. Nos sentábamos a la sombra de la higuera, escuchando los trinos de los jilgueros, y disfrutando de aquel olor a hierba fresca; el abuelo, desde su cómodo sillón de mimbre nos contaba aquellas historias que pasaban de hijos a padres.

La que más  nos gustaba era; “LA LUNA CERRÓ LOS OJOS”

—“… su nombre era YANSU, pero todos la conocían como “LUNA LLENA” por su cara redonda, pero sobre todo por el brillo de sus grandes ojos negros. Era japonesa y vivía en HIROSHIMA. YANSU se enamoró de un soldado americano. Una noche, a la luz de la luna llena, ambos se comprometieron en matrimonió, ella le regaló una foto que reflejaba a una joven risueña y mostraba aquel maravilloso brillo de sus grandes ojos. La luna les miraba y les sonreía. Cuando el soldado fue desmovilizado, YANSU no pudo acompañarle, ella iría después… En TEXAS un joven soldado prepara con amor la casa donde vivirá con su esposa, en la cómoda del cuarto y enmarcada en un cuadro  la foto que ella le regaló… Una mañana al levantarse la imagen del cuadro había cambiado… la joven  tenía la  frente baja, los ojos cerrados, la sonrisa perdida… En el calendario, una fecha: 6 de Agosto de 1945…”
MARÍA GLORIA LOMBANA SALVARREY

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Estaba dormida, su rostro era tan dulce, que te inspiraba una calma interior tan profunda como el mar Mediterraneo de olas suaves, tranquilas y hermosas. Su pelo negro , ondulado como una caverna en la que la mano humana no ha entrado nunca, pero desprende mucha paz. Sus labios pequeños, gruesos, rojos como una fresa fresca cuando se acaba de recoger de la mata.
Es todo un conjunto de hermosura angelical.
OLVIDO ARGÜELLO

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Muñeca en el espejo
La muñeca encerrada en un espejo con un bonito marco que está colgado en la pared del salón. Con los ojos cerrados ve mundos lejanos y abstractos, mundos profundos, espacios abiertos inundados de luz y colores.  Se siente sola y triste. Sueña con que desaparezca el azogue del espejo para poder escapar de ese marco que la oprime.

Oye las risas de las niñas —¿Porqué no me llevaran a su habitación?— se pregunta. Vivir allí sería más alegre.

Cuando María pasó al lado del cuadro un rayo de luna lo iluminó. La muñeca abrió los ojos y sonrió.
— Llévame a tu  habitación— dijo bajito.

La niña miró desconcertada a la muñeca, descolgó rápida el cuadro y lo llevó a la habitación que compartía con  su hermana Sara.
—La muñeca abrió los ojos y me pidió que la trajera a aquí— dijo atropellando las palabras.

La muñeca estaba inmóvil y Sara pensó que lo que  su hermana había visto  era cosa de  su desbordada imaginación.

—La muñeca abrió los ojos cuando la Luna iluminó el cuadro. Esta noche hay solo media luna; llamaremos a la estrella Raplo para que mande los  rayos más brillantes al espejo  y llenen de luz a la muñeca— dijo María sin parar de moverse.

Raplo  llenó de guiños de luz el espejo.

El azogue se fue borrando, la muñeca abrió los ojos y salió del cuadro. Las niñas la miraban con los ojos abiertos como platos.

Desde aquella noche, la  muñeca  cobraba vida  cuando la  Luna o  Raplo llenaban de luz el espejo y les  contaba a las niñas cuentos maravillosos.
FELY BARRIO

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Una vez más, con una serenidad casi impropia para su edad, bajó la mirada, se mordió el alma, guardó sus sentimientos en lo más hondo de su oxidado corazón.Una vez más, el contorno de su joven cuerpo se vestía con esa insoportable coraza, fría y dura, que la había acompañado desde niña.Una vez más, nadie vio cómo el rojo de sus finos labios se apagaba, cómo la línea de sus ojos rasgados se desdibujaba, cómo las ondas de su sedoso pelo negro se desvanecían. Hasta que un día, al contemplar el cuadro de un hermoso rostro, observaron asombrados que, simplemente, ella ya no existía. Contemplaron perplejos, tan solo, un bello marco delimitando el espacio de una existencia vacía.
ASUNCIÓN CARRACEDO


Un cuento de NELY GARCÍA

noviembre 30, 2009

Cuento inspirado en otro, titulado ‘Vaca’, de Augusto Monterroso

Cuando el otro día visité en el campo a los abuelos, pude disfrutar de los animales. Los que más me entusiasmaron fueron unos corderitos que, todavía, no iban con el rebaño; eran preciosos, correteaban por la cerca y cuando las madres regresaban, corrían hacia ellas para alimentarse.  Las progenitoras los lamían con cariño.

Al final de mi estancia, vinieron unos señores de la ciudad, compraron los corderitos y se los llevaron.  Yo sentí como una flecha en el corazón, pero no dije nada.

De regreso a casa en el colegio, el profesor de ciencias nos explicó algo sobre el mundo animal y vegetal. Yo tenía mi propia opinión. Creía que el mundo estaba concebido a medias: para que unos vivan otros tienen que morir; en el vegetal no hay tanta violencia, pero las plantas fuertes impiden el desarrollo de las débiles ¡qué imperfección!

Cuando entré en casa mi madre me dijo: “hoy comeremos chuletitas, de los corderos del abuelo”.  Con sentimiento de impotencia, le dije: “no me encuentro bien, hoy no comeré”.

NELY GARCÍA


‘La amistad’, por NELY GARCÍA

noviembre 30, 2009

Cuento inspirado en otro, titulado ‘Día de reyes’, de Jesús Alonso

La amistad

Aunque era Noche Buena, en casa no había ni cena especial, ni regalos.

Antonio miraba la cara triste de su madre; el padre hacia meses que estaba en situación de paro. Después de la humilde cena, dio un beso a sus padres antes de acostarse. No quería ver la tele, le recordaba la fecha y prefería olvidarla.

En la cama pensó  en David, había quedado con él en el parque al día siguiente.

David, sentado a la mesa llena de manjares, observaba a su padre hablando por teléfono :

“¡Compréndelo!”, decía, “¡hoy tengo que estar con mi hijo! Mañana estaremos juntos”.

Le había tocado estar con él. Su madre también tenía compañía. Entre todos le habían regalado cantidad de cosas  —pero qué solo se sentía—.

No quiso mirar los regalos, prefería ir a la cama.  Allí recordó  que había quedado con Antonio en el parque, seguro que pasarían un rato agradable.

NELY GARCÍA


‘El paso de los años’, por FELY BARRIO (a partir de un relato de ÖRKÉNY)

noviembre 17, 2009


EL PASO DE LOS AÑOS

Hércules había levantado el sol y éste mandaba sin compasión llameantes rayos. El calor era asfixiante, aparcó el coche y contempló largo rato el río precipitándose en un tirabuzón y los recuerdos se abrieron camino. Corría con la pandilla para llegar a lo alto donde el río descendía presuroso. Se vio con Víctor grabando sus nombres en un árbol.
—Cada vez que vengamos nos sentaremos junto a este árbol— había dicho Víctor.
El paso de los años borró todas las promesas.
El sol declinaba, la luz caía sesgada, se había levantado una ligera brisa. Bajó al río, se puso en cuclillas, llenando las manos de agua y dejándola  resbalar entre los dedos.
—Como entonces— pensó.
¡Raquel, Raquel, corre, ven! ¡He atrapado un rayo de luz!
Soltó el agua de golpe y se levantó de un salto. Miró  a todos lados buscando el lugar de donde venía la voz para ir a ver el rayo de luz que Víctor había atrapado.
—Qué real he oído su voz— dijo acariciándose la mejilla como para retener un beso.

FELY BARRIO
(NOTA: Trabajamos sobre ‘El hogar’, un microrrelato del escritor hungaro István Örkény)


‘El final’, por NELY GARCÍA (a partir de un relato de ÖRKÉNY)

noviembre 15, 2009

elige-un-camino
EL FINAL

La niña de seis años recordaba a su abuela con cariño. Su madre la llevó a su casa y le dijo:

—Ya ves, la abuela se ha ido.

— ¿Por qué se fue?

— Porque llegó a su destino— respondió la madre.

—¿Y qué es el destino?

—El final de un trayecto.

— ¿Y qué hay al final?— preguntó la niña.

—No sé, hay un muro de niebla que nadie puede atravesar, si su camino no se ha acabado.

— Mamá ¿por qué el camino se acaba?

— En cierto modo, todos los caminos tienen un final.

— Pues yo encontraré uno que continúe.

NELY GARCÍA
(NOTA: Trabajamos sobre ‘El hogar’, un microrrelato del escritor hungaro István Örkény)


‘La libertad’, por ELENA ROBLES (a partir de un relato de ÖRKÉNY)

noviembre 15, 2009

 dos amigos

LA LIBERTAD

James llevaba 15 años en la cárcel desde que a sus 50, desesperado por la necesidad, atracara un banco, las circunstancias se volvieran en su contra y, debido a sus nervios y falta de experiencia, se le disparase la pistola, alcanzando a una persona inocente.
Su cabeza estaba perdida entre los barrotes de la celda y su mirada, a veces, no reconocía a su compañero Peter, que cuidaba de él como si de un niño se tratara.

PETER: Allá a lo lejos hay unas montañas hermosas, un día pasearemos por ellas.
JAMES: ¿Para que? estoy bien aquí…
PETER: Disfrutaremos de la libertad, sin torturas ni penalidades.
JAMES: Como bien aquí y ya no me pegan.
PETER: Te llevaré con tu familia y serás feliz.
JAMES: ¿Qué es ser féliz? y ¿quien es mi familia?

ELENA ROBLES CASTAÑÓN
(NOTA: Trabajamos sobre ‘El hogar’, un microrrelato del escritor hungaro István Örkény)


Trabajamos sobre ‘El hogar’, un microrrelato del escritor húngaro ISTVÁN ÖRKÉNY

noviembre 14, 2009

via

EL HOGAR

La niña sólo tenía cuatro años, sus recuerdos, probablemente, ya se habían desvanecido y su madre, para concienciarla sobre el cambio que les esperaría, la llevó a la cerca de alambre de espino y, desde allí, de lejos, le enseñó el tren.

—¿No estás contenta? Ese tren nos llevará a casa.

—Y entonces ¿qué pasará?

—Entonces ya estaremos en casa.

—¿Qué significa estar en casa?— preguntó la niña.

—El lugar donde vivíamos antes.

—Y ¿qué hay allí?

—¿Te acuerdas todavía de tu osito? Quizás, encontraremos también tus muñecas.

—Mamá, ¿en casa también hay centinelas?

—No, allí no hay.

—Entonces, de allí ¿se podrá escapar?

ISTVÁN ÖRKÉNY
(Del libro ‘Cuentos en un minuto’, 1968)