‘Tiempos difíciles’, por GLORIA LOMBANA

El EJERCICIO consiste en meterse en la piel de un animal o identificarse con él.

TIEMPOS DIFÍCILES

Tiempos difíciles corren para nosotras las moscas de las playas del Mediterráneo.  Tal es la situación que yo he tenido que recurrir a la zona de los hoteles del INSERSO. Los mayores son majetes aunque no son demasiado asiduos a la playa. Aún así no me va del todo mal, me voy defendiendo porque las señoras cuidan mucho sus peinados, por lo que conseguimos alguna que otra grasa saturada que junto con los dulces que suelen sacar de los desayunos y que se  comen a escondidas mientras  pasean o se sientan a tomar el sol voy resolviendo mis necesidades.

Ayer fue un día difícil para mi. No hubo mucho sol y había viento razones por las cuales mis clientes habituales no se aparecieron por allí. El perrito del señor gordo que todos los días dejaba sus heces en la arena pasó de largo.  Estaba casi con lipotimia cuando vi que se acercaba una señora mi comida estaba llegando. Noté como mi boca se llenaba de saliva. Al acercarse algo no me gustó, la señora llevaba el pelo corto y mojado; ¡mala señal! pero aún así no perdí las esperanzas.  Empecé a probar por todas las partes: brazos, piernas y cara sin crema, ojos sin lagañas, pelo acabado de  lavar. ¿De donde había salido ésta espécimen que me dejaba sin desayuno?

La esperanza es lo último que se pierde y allí  estaba yo para aprovechar la primera oportunidad.  Se quitó  el pareo, se sentó en la arena, sacó un cuaderno y un bolígrafo, se puso las gafas y empezó a escribir. Yo seguía vigilante ante la menor gota de sudor o cualquier otra sustancia que pudiera aparecer. Sacó una chocolatina de su bolso. ¡Ahora si que había llegado mi momento! Con parsimonia cortó el chocolate en pedazos sin desprender una brizna. Cuidadosamente dobló el papel que lo cubría y lo guardó en su bolso.

– ¿Pero, qué hace esta señora, es que no sabe que estoy aquí esperando mi comida? ¿Es que acaso no puede tirarlo en la arena como hacen casi todos?

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Cuando terminó de escribir dejó  el cuaderno sobre el bolso y se fue a zambullirse en el agua.  Ahora sí que perdí todas las esperanzas, aunque salga el sol y el sudor aparezca estará salado y yo como sin sal, no quiero tener colesterol.

La curiosidad me hizo leer lo que ella había escrito.  Yo soy una mosca instruida, he pasado gran parte de mi vida en una biblioteca pública.  Estuve allí hasta que tuve que emigrar por la competencia desleal de las cucarachas llegadas de no sé qué lugar de América Latina. El colmo de mi desdicha estaba en aquel escrito. El espécimen femenino había escrito en su diario:

-“Escribo frente al mar. Todo  en calma. Las olas suavemente se deslizan por la arena. El sol tímidamente se oculta detrás de las nubes. Pero siempre hay un pero, una mosca, de esas que llaman “cojoneras” me está apartando de mi ambiente idílico. De verdad de verdad os digo que no hay nada perfecto”-

GLORIA LOMBANA

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