
ADMIRADO MIGUEL
Miguel, Miguel de los migueles. Seguiste a Cervantes y a Unamuno, sin que tu palabra desmereciera ante la de ambos. Pues tu palabra, sembró en paginas inolvidables la octava real, el soneto, el alejandrino, las más bellas palabras de descorazonada amargura e infinidad de versos empapados de musicalidad. Con los que Serrat al ponerles música ha hecho disfrutar y llorar.
A Miguel Hernández, todo le pasó en un corto espacio de tiempo, pasó la vida esperando respuestas que no llegaron. Salvo por Vicente Aleixandre, no fue bien recibido entre los poetas de la generación del 27.
En abril, el general Francisco Franco declaró finalizada la guerra. Se había terminado de imprimir en Valencia El hombre acecha. Una comisión depuradora franquista, presidida por el filólogo Joaquín de Entrambasaguas, ordenó la destrucción completa de la edición. Sin embargo, dos ejemplares que se salvaron permitieron reeditar el libro en 1981.
Pretendían exterminar hasta las pisadas de quien no pensara como los vencedores. Mataron al mensajero, pero quedó viva la palabra. Para matar la palabra no hay cárceles ni cadenas.
Miguel, a solas, recordándote,
viviendo letra a letra tus poemas,
sin lágrimas, fluye por dentro el llanto,
la voz se apaga, se enciende la tristeza.
Vaga solo el amor desamparado,
envuelto en un sayal de escalofrío.
El rayo incesante, lo han cesado.
La luna mil veces observada,
nebulosa en constante desvarío,
luz muda, desnudez derramada,
se baña metafórica en el río.
Hombres, lobos humanos te mataron
se abrieron los cerrojos de las sombras.
A plena luz, Miguel, te recordamos,
caminamos con tus versos y contigo.
FELY BARRIO
Muy buen escrito señora…